sábado, 13 de enero de 2007

Cortazar Cell

Piensa en esto: cuando te regalan un Nokia n90 te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el Nokia n90, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es Nokia, finlandés, el más vendido; no te regalan solamente ese menudo picapedrero pondrás en tu bolsillo a y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como una orejita nueva desesperada tratando de oir ringtones irrelevantes. Te regalan la necesidad de bajar nuevos ringtones cada día, la obligación de tener a babasónicos en tus ringtones para que siga siendo un Nokia n90; te regalan la obsesión de grabar en video cada estúpida cosa que ocurra en tu estúpida vida, de conectarte a Nokia.com, de entrar a celularis. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu Nokia n90 con los demás. No te regalan un Nokia n90, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del Nokia n90.

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